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Del alivio inmediato a la estrategia de salida: alprazolam en el trastorno de pánico
Dr. Manuel Perea Urrutia
23 de Septiembre de 2026

El trastorno de pánico se caracteriza por crisis de angustia recurrentes e inesperadas seguidas de preocupación anticipatoria y, con frecuencia, conductas de evitación de tipo agorafóbico.1 Aunque los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptura de serotonina y noradrenalina (IRSN) constituyen la primera línea de tratamiento por su eficacia sostenida y su favorable perfil de seguridad, su efecto pleno se establece tras una latencia de varias semanas.2,3 En ese intervalo, el alprazolam, benzodiacepina de alta potencia y rápido inicio de acción, ofrece un control sintomático temprano que puede resultar decisivo para reducir la intensidad de las crisis y favorecer la adherencia.
Desde el punto de vista farmacológico, el alprazolam actúa como modulador alostérico positivo del receptor GABA-A: facilita la neurotransmisión inhibitoria mediada por el ácido γ-aminobutírico y, con ello, atenúa la hiperactivación de circuitos límbicos y troncoencefálicos implicados en la respuesta de ansiedad.4 Su elevada potencia y su rápida absorción explican tanto la prontitud del alivio como la necesidad de una prescripción cuidadosa, pues los mismos atributos que lo hacen eficaz en la crisis condicionan el riesgo de fluctuaciones interdosis y de dependencia con el uso prolongado.
Las guías de práctica clínica posicionan a las benzodiacepinas de alta potencia como tratamiento puente o coadyuvante durante las primeras semanas, o bien en casos seleccionados con sintomatología grave, siempre en combinación con el antidepresivo de base.2,5 El objetivo terapéutico no es sustituir al tratamiento de primera línea, sino acompañarlo durante la fase de mayor vulnerabilidad sintomática y retirarlo de manera planificada una vez consolidada la respuesta.
El uso racional descansa en tres principios: la menor dosis eficaz, la menor duración posible y una estrategia de retiro pactada desde el inicio.5,6 La selección del paciente es igualmente relevante: conviene una prudencia particular en personas con antecedente de trastorno por uso de sustancias. Cuando se prevé una exposición prolongada o el retiro resulta difícil, la sustitución por una benzodiacepina de vida media larga y el descenso gradual reducen el riesgo de abstinencia.
En síntesis, el alprazolam aporta un valor clínico claro en el trastorno de pánico cuando se emplea con un propósito definido y acotado en el tiempo. Concebirlo como un puente (y no como un destino) permite capitalizar su rapidez de acción sin renunciar a la seguridad a largo plazo.
Referencias
1. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 5th ed., text revision (DSM-5-TR). Washington, DC: American Psychiatric Association; 2022.
2. American Psychiatric Association. Practice Guideline for the Treatment of Patients With Panic Disorder. 2nd ed. Washington, DC: American Psychiatric Association; 2009.
3. Bandelow B, Zohar J, Hollander E, et al. WFSBP guidelines for the pharmacological treatment of anxiety, obsessive-compulsive and post-traumatic stress disorders – first revision. World J Biol Psychiatry. 2008;9(4):248-312.
4. Stahl SM. Stahl’s Essential Psychopharmacology. 5th ed. Cambridge: Cambridge University Press; 2021.
5. Taylor DM, Barnes TRE, Young AH. The Maudsley Prescribing Guidelines in Psychiatry. 14th ed. Hoboken: Wiley-Blackwell; 2021.
6. Lader M. Benzodiazepine harm: how can it be reduced? Br J Clin Pharmacol. 2014;77(2):295-301.
