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Autolesiones no suicidas en la adolescencia. Detección, evaluación e intervención en contextos clínicos.
Dr Omar Hanun
12 de Agosto de 2026

Las autolesiones no suicidas (ALNS) representan uno de los motivos de consulta más frecuentes y clínicamente relevantes en la atención del adolescente. Se definen como el daño deliberado, directo y autoinfligido al propio tejido corporal sin intención suicida consciente. Esta distinción es operacional, no absoluta: ambas conductas pueden coexistir, y la presencia de ALNS es uno de los predictores más consistentes de intento suicida futuro. Su prevalencia en población adolescente general oscila entre 17 y 25% a lo largo de la vida, con cifras que alcanzan hasta 80% en muestras clínicas psiquiátricas.
El modelo más respaldado empíricamente (Nock, 2010) propone que las ALNS funcionan principalmente como estrategia de regulación emocional. Ante una emoción negativa de alta intensidad —vergüenza, ira, vacío, angustia— y con baja tolerancia al malestar, la autolesión produce alivio inmediato que refuerza negativamente la conducta. Otras funciones documentadas incluyen el auto-castigo, la generación de sensación física ante estados disociativos y, en algunos casos, la comunicación interpersonal de un malestar que no encuentra palabras.
El problema central es que, si no preguntamos directamente, el adolescente difícilmente lo dirá. La consulta de primer contacto debe ser un espacio seguro para abordar estos temas. No es necesario ser psiquiatra para detectar señales de riesgo, contener inicialmente y referir de forma oportuna. Una herramienta fundamental es la entrevista a solas. Debemos explicar a los padres que hablar unos minutos en privado con el adolescente es parte normal de la atención. La confidencialidad, con límites claros ante riesgo, permite construir la confianza necesaria para la revelación.
Es importante preguntar directamente por autolesiones cuando existan datos de alarma. Preguntar no induce la conducta; al contrario, facilita la apertura y puede constituir un punto de intervención. Frases directas como “¿alguna vez te has lastimado a propósito, como cortarte o quemarte, aunque no quisieras morir?” son más efectivas que formulaciones eufemísticas. Ante cualquier ALNS identificada debe evaluarse siempre el riesgo suicida: nunca debe asumirse que la conducta “solo es para llamar la atención”.
La Terapia Dialéctica Conductual (DBT-A) es la intervención con mayor soporte empírico en adolescentes. Su módulo multifamiliar aborda directamente la respuesta parental, que puede ser un factor determinante en la evolución. El plan de seguridad elaborado con el adolescente, incluyendo estrategias de afrontamiento, contactos de apoyo y restricción de acceso a medios de daño, es un componente activo de toda intervención, no un trámite administrativo.
Aplicación en práctica clínica:
- Realizar parte de la consulta adolescente a solas ante síntomas emocionales o somáticos inespecíficos.
- Preguntar directamente por autolesiones e ideación suicida cuando existan datos de alarma.
- Evaluar función de la ALNS, frecuencia, última ocurrencia y acceso a medios.
- Elaborar plan de seguridad activo con el adolescente y abordar restricción de medios con la familia.
- Referir oportunamente sin abandonar el seguimiento clínico.
Bibliografía
– Nock MK. Self-injury. Annu Rev Clin Psychol. 2010;6:339-363.
– Mehlum L, et al. DBT for Adolescents with Repeated Suicidal and Self-harming Behavior. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2014;53(10):1082-1091.
– Ribeiro JD, et al. Self-injurious thoughts and behaviors as risk factors for future suicide. Psychol Med. 2016;46(2):225-236.
– American Psychiatric Association. DSM-5-TR. APA Press; 2022.
– American Academy of Pediatrics. Screening for Mental Health, Emotional, and Behavioral Problems. Pediatrics. 2025.
