Blog>Actualidad Médica>Managing Anxiety Disorders in Adult Primary Care Patients

Managing Anxiety Disorders in Adult Primary Care Patients

Managing Anxiety Disorders in Adult Primary Care Patients

Dr Alejandro Maldonado

12 de Agosto de 2026

Los trastornos de ansiedad representan la clase más común de enfermedades psiquiátricas y conllevan una carga considerable en la funcionalidad y la calidad de vida de los pacientes adultos en el entorno de la atención primaria. A pesar de su alta prevalencia, estos trastornos suelen estar subdiagnosticados y subtratados, en gran parte porque los pacientes suelen presentar síntomas somáticos que no se asocia inicialmente con problemas de salud mental, sumado a las limitaciones de tiempo en las consultas médicas de rutina. Según las fuentes, menos de la mitad de los casos son diagnosticados correctamente en la atención primaria, y solo un 40% de los pacientes reciben un tratamiento farmacológico o conductual adecuado.

En términos de epidemiología, la prevalencia de cualquier trastorno de ansiedad en pacientes de atención primaria en los Estados Unidos alcanza aproximadamente el 19.5%. Los trastornos específicos más frecuentes incluyen el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) con un 7.6%, el trastorno de pánico con un 6.8% y el trastorno de ansiedad social con un 6.2%. Estos trastornos tienden a presentarse de manera comórbida; de hecho, más de la mitad de los pacientes con un trastorno de ansiedad tienen al menos otro trastorno adicional, y casi dos tercios sufren también de depresión mayor. Es importante destacar que la ansiedad es más común en mujeres que en hombres y suele ser menos frecuente en adultos mayores de 65 años.

El proceso de evaluación y diagnóstico es fundamental para un manejo exitoso. El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos (USPSTF) recomienda realizar un tamizaje universal para la ansiedad en adultos menores de 65 años, incluyendo a personas embarazadas o en periodo de posparto. Herramientas de autoinforme breves como el GAD-2 son eficaces para la detección inicial, seguidas de evaluaciones más profundas como el GAD-7 si los resultados iniciales son positivos. Los médicos deben realizar una historia clínica detallada para diferenciar la ansiedad patológica de la ansiedad no patológica, la cual es una respuesta transitoria y proporcionada a factores de estrés de la vida diaria. Además, se debe realizar un examen físico y pruebas de laboratorio pertinentes para descartar causas médicas subyacentes o el efecto de sustancias y medicamentos que puedan mimetizar síntomas de ansiedad.

Una vez confirmado el diagnóstico, el enfoque de tratamiento debe basarse en la toma de decisiones compartida, considerando las preferencias del paciente, la gravedad de los síntomas y la historia clínica de tratamientos previos. La psicoeducación es el primer paso esencial, ayudando al paciente a normalizar su experiencia, explicar la respuesta de “lucha o huida” y desmitificar la idea de que la meta es la eliminación total de la ansiedad, ya que niveles bajos de la misma pueden ser adaptativos. Para pacientes con síntomas leves, subclínicos o relacionados con ajustes temporales, las estrategias de autoayuda y el refuerzo de conductas adaptativas suelen ser suficientes.

En el ámbito de las intervenciones conductuales, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) se establece como el estándar de oro y el tratamiento de primera línea. La TCC se centra en identificar y modificar patrones de pensamiento y comportamiento que mantienen el trastorno. En la atención primaria, las intervenciones breves de TCC (de 6 a 8 sesiones de 30 minutos) administradas por clínicos de salud conductual integrados han demostrado ser tan efectivas y duraderas como los tratamientos de duración completa. Otras opciones eficaces incluyen las intervenciones basadas en la aceptación y la atención plena (mindfulness), así como el uso de herramientas digitales y aplicaciones móviles basadas en evidencia.

Por otro lado, la farmacoterapia de primera línea para los trastornos de ansiedad consiste principalmente en los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN). Estos medicamentos, como la escitalopram, paroxetina, venlafaxina y duloxetina, suelen ser bien tolerados a largo plazo, aunque pueden presentar efectos secundarios iniciales como náuseas o dolor de cabeza que tienden a mejorar tras unas semanas. Es crucial informar a los pacientes que estos fármacos pueden tardar al menos dos semanas en mostrar mejoría y hasta tres meses para alcanzar su efecto máximo. En el caso del TAG, se recomienda mantener el tratamiento farmacológico por al menos un año para prevenir recurrencias.

Un aspecto crítico mencionado en las fuentes es el uso de benzodiazepinas, las cuales no se recomiendan para el manejo a largo plazo debido a los riesgos significativos de dependencia física, efectos adversos y complicaciones en el retiro. Si bien pueden ofrecer un alivio rápido de los síntomas mientras se espera el efecto de los medicamentos diarios o se accede a la terapia conductual, su uso debe ser breve y sólo si otras opciones menos riesgosas, como la hidroxicina, han fallado. Para situaciones específicas como la ansiedad social de tipo ejecución o rendimiento, el uso de betabloqueadores como el propranolol según sea necesario puede ser una alternativa eficaz y menos sedante.

Finalmente, el modelo de Gestión de Cuidado Colaborativo (CoCM) destaca como una estrategia organizativa que mejora significativamente los resultados en comparación con el cuidado habitual. Este modelo implica la colaboración entre el médico de atención primaria, un psiquiatra consultor y un gestor de cuidados que monitorea el progreso del paciente y ofrece intervenciones conductuales breves. Aunque el curso de trastornos como el TAG y la ansiedad social tiende a ser crónico si no se trata, la implementación de estos tratamientos basados en la evidencia en el entorno de atención primaria permite que la mayoría de los pacientes logren una reducción significativa de los síntomas y una mejoría sustancial en su funcionamiento diario.

Fuente: Shepardson, R. L., Khan, J. S., Buckheit, K. A., y Funderburk, J. S. (2026). Treatment of anxiety for adults in primary care settings: A review. JAMA Internal Medicine. Publicado en línea el 4 de mayo de 2026. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2026.0395 

Podría interesarte

Blogs, noticias y actualizaciones de medicina

Descarga la app